Hubo sólo un resplandor… un lucero, pequeñito en el rincón de la celda.
Un rincón aparecido desde la oscuridad canuta y opaca, que no deja lindes ni columnas en donde se pose la esperanza.
Desde ese rincón maldito de la celda, surgió lo que hoy sería tu cara, tras los trémulos caminos, hacinados por la gente.
Tu cara delicada, tu boca temblorosa, mujer de luz. Cómo tus ojos, como tu risa.
Mujer luz. Niña sol. Eterno sinónimos de la incondicionalidad. Que sería de yo, que sin ti no se escribiría.
No miraría por la ventana para ver la luz del día.
Mujer del sol, niña de luz.
Ampárame en tu pecho una noche tierna para dormir encandilado, que prefiero ver blanco, a ver todo gris y morir después, en cuclillas frente a mi espejo sórdido.
Pequeña gota, cascada amor. Amor, quien fue, el que tu sonrisa vio y rió…
cómo yo.
cómo yo.