En este espacio habitado de espacios vacíos, se me ha hecho complicada la espera de algo bueno. En estos espacios que someramente llenan, tardíamente hablan y cínicamente miran. Al menos sospechosos, por lo bajo incautito. Hay algo sempiterno, que se escapa al aferro. Por eso estiramos las manos buscando capas, destapando mascaras y deshojando miradas. Porque tu pecho sin mi pecho no sería lo mismo, aunque seamos tan diferentes. Me he sentido helado, lejos del invierno. Me he visto desnudo en medio del patio, cuando los ojos somnolientos escapan a razones. Como extraño corazones. Buenas canciones. En este espacio se me ha vuelto complicada la espera de algo bueno. Así entre el miedo y las dolencias, he ido cerrando cicatrices. Calculando bisectrices para ver un mejor ángulo. La vida, tan pragmática, alejada de lo ajeno. Pero me doy cuenta entonces, que la vida es una partitura, con más de una sola línea, donde caven infinitas notas en cada compás. Sólo depende de los tiempos, de las notas. Si son fusas o redondas. Blancas o escaramuzas. Si la vida es una sola, yo debo ser el loco que la ve de un modo triste. Entonces la vida no es un prisma, y el pragmático soy yo. Y sin querer me he socavado, porque el autoestima no es mejor. Que espacio tan lleno de espacios vacíos, es mi corazón. Y mi cabeza se revuelca por los lánguidos prados de la verdad. De lo objetivo. Soy tan irónico. El placer de ser estoico, es que la vida corre aprisa y uno sólo la ve pasar. Y así he visto correr el tiempo, en estos pasillos tan helados, que guardan varios miles de recuerdos, como lo hace el corazón, la mente, el alma, el cuerpo… Todo es lo mismo si está en unión. La unión del ser que viene de uno. La unión del ser para con el resto. La mentalidad colectiva tan comprada y sin razón. Las pasiones, mujer, son acordes. Acordes largos en una canción corta, de suaves armónicos, combinados con quien la canta. Con trancas de manos, por la pasión de quien la toca. Mujer tu pasión se ve en tus ojos y que triste es cuando lo cierras. Si tuviera tiempo en este mundo solo quisiera ver tu sol. Quisiera que hubiera más libros, más gente como tú. Quisiera que hubiera más carreteras, más noches como aquella, más tardes como estás, más conversaciones como esa. Más locuras como las nuestras, más ilusiones como las mías, más ojos como los tuyos. Más gente en esta calle, más calle y menos gente. Más amor y menos rabia, más “Yo” y menos “no sé”. Quisiera poder decir “Te quiero”, lo juro, y que vuele y que nade y que juegue con tu pelo, hasta llegar lejos en tu espalda, darle la vuelta a tu cintura y perderme en ese ombligo, que solo el me trae paz. Quisiera tantas cosas, así como la fuerza. La fuerza de decir que es hora. La fuerza de decir adiós. La fuerza de mirarme en el espejo y poder decir “perdón”. Las piernas más gruesas para un camino tan duro, como el camino del partir. Partir sin herir. Sin decir “lo siento”, solo diciendo “vida”. En este corazón tan alelado, tan marcado por tus manos, tan interesado en otras cosas…. (Pausa)
La verdad es que si tuviera que decir algo lo haría aprendiendo piano. Me sentiría más tranquilo pues hay “adagios” y “allegretos”. Me sentiría más querido, sin tener que escuchar retos. Sin tener que mirar miradas incomprensivas y juzgadoras. Fuera de esta casa, está la esfera de los entes culpadores. Por eso nosotros escribimos nombres en las nubes, cuando nos recostamos en el pasto a mirar el tiempo en el cielo.
A el parece no importarle. La vida misma parece no urgirle, y a mi me ha entrado la duda del querer decir “no quiero”. La negación a todo lo conocido, la negación del pasado y el futuro, más allá de la utopia y el simbolismo. Sólo tocando lo real y lo querido. Donde se encuentran los desertores. ¿En el parque? ¿En la biblioteca? ¿Lejos de aquí, como las gaviotas? ¿Lejos de aquí, en otro planeta? Metamórficas mentalidades, que han sabido partir reconociendo que debe haber alo más allá de todo esto. Donde la emoción no es simplemente una ilusión de compartir. Donde sentir es realmente algo divino, algo distinto, algo valioso, en esta era de los precios. ¿Será que yo soy perezoso? ¿O es que no quiero ser como ellos? No no no. Yo no quiero alternativas, no quiero un “Pero hijo…”. No me entiendes si eso piensas. Quiero que cambien los pensares, quiero que cambie el foco de atención, quiero que no estudies lo que estudias bajo pautas, para ellos, porque no sabes que más te gusta. Yo quiero una malla de colores, donde cada uno tenga el suyo, después de haber probado todos, donde los sabores sean únicos para cada persona, y todos hayan probado el de otro. Yo quiero, lo único que puede salvarme de esta cabeza en fuga. Yo quiero: Una revolución del alma. Yo quiero orquestas sonando estrepitosas. Yo quiero música en la calle y un fondo en sepia para ponerle tinte a la vida. ¡Yo quiero querer de nuevo!
Así todos nos sentiremos solos y acompañados. Un estatus diferente a lo existente. Un violín y un contrabajo tocando permanentemente. Un negro un blanco y un rojo, amándose ardientemente. Nuevos verbos en el vocabulario, haciendo más frondoso el diccionario. Una palabra por persona y una prenda en el armario. ¿Para qué queremos más? ¿Y qué vendrá? Me pregunto… ¿Qué vendrá cuando ya lo tenga todo? ¿Deberé cerrar los ojos y decir: “Qué pase el que sigue”? Me parece insolente. Inconciente con uno mismo. Sin perder los estribos hoy prefiero ser un loco. Más allá de este cerebro roto y los poemas inconclusos. Hoy sólo hay ángulos obtusos en este cuerpo ansioso. En un mundo tan urgente y tan poco importante, creo que creerse grande es en verdad irrelevante. Los quiero. Están en mi… y cada uno en un lugar especial. Hemos compartido aventuras y viajes. Risa y gajes. Pesados cuentos y equipajes. Lindos cuerpos y bellos trajes. Hemos sido. Hemos sido amigos, novios, hermanos, primos, sobrinos, tíos, hijos, cuñados, letargados, iletrados, estúpidos, ignorantes, a menudo compañeros y otras tantas enemigos. Han marcadao mi vida, por la forma en que han entrado. Por la forma en que han estado. Por la forma en que han vivido y han hablado y han demostrado ser lo que son. Con todo lo que he aprendido de ustedes, con todo el tiempo que ha pasado y que me ha marcado… Los cambio a todos ustedes, por eso nuevo que me falta. Cambio la tele, cambio esta pantalla, cambio este teclado y el cuaderno. Cambio el siglo, cambio el switch, cambio mi vida y más que eso. Cambio mis manos, cambio los daños, cambio mi cuerpo, solo dejándome mi voz y mis años.
Cambio este estigma permanente por un vaso que esté vació… como el río de un nuevo cause, un cause alegre, un cause mío.