Es este el momento cuantioso y mitificado en que la caída se hace tan pesada como una espada de Damocles. Cuando la duda redunda el alma, no suenan campanas, se pierde el eco en la roca, y solo ves el mar agraz, desierto, un revolver en tu cara.
Sonaba distante el reír de tu pelo? No, sonaba distinto. Era acaso más opaco el brillar de tu alma? No, solo era distinto. Estaba pintada sobre la hiel gastada, una risa triste? No, era igual que siempre y como siempre, distinta a mi. Las casas que se construyen en los cielos flotan altas, sin arrogancia de su vuelo, pero se sacuden en cada trueno, y caen pesado, haciendo astillas.
Es ver caer un sueño, y caer en resiliencia.