miércoles, 5 de septiembre de 2012

El instinto.

Hay un eco ensombrecido por el bullicio de rostros. Es un punto diminuto en el fondo del panal. Allá detrás del pensamiento, detrás de todo lo construido, previo a lo escrito, se encuentra el real deseo. Por allá, por las lejanas montañas del instinto primero, por allá se guarda protegido, el secreto, tras la mente. Solo el ser real puede confiar plenamente en su instinto, reconocerlo, no confundirlo en este mar para que naufrague. En este cosmos sombrío y creativo, vagan en pena los difuntos placeres del alma. El bien, tantas veces prometido. Las mismas veces enterrado.

¿Es una lástima que no exista el presagio? ¿O es lo único real en el humano: No saber, arriesgar, caminar siego en una linea concebida por su imaginación? Que es el tiempo, si no un recuerdo tan incierto como futuro. Que es la vida, si no una estancia prematura de la existencia. Mi duda es si existe la duda, y si de ser así y si fuera lo único que existiese... no tendría certeza de que así fuera. "Solo la decisión trasciende." No me atrevo a aseverar.

Hay un eco lejano y poco audible tras los huesos. Es la voz del alma que quiere que la escuchen.