martes, 16 de agosto de 2011

Sin verguenzas...

Y un día desperté y habían calles.
Y un día desperté y habían leyes.
Y un día desperté y habían reyes.
Y un día desperté con todo el mundo descubierto.
Y ya para la tarde había gente,
que sumisa caminaba entre más gente.
Que con prisa atravesaba por las calles,
que chistaban con las leyes de sus reyes.
Ya no había tierra prometida,
pues ni de promesas había tiempo,
y la gente jamás se preguntaba
¿Por qué de leyes ni reyes me preguntaron?

Y ya para la noche habían respuestas. 

Y ya para la noche habían estándares.
Y ya para la noche no era nadie. 
Y ya para la noche yo era de ella.
Pero nunca a mi me preguntaron y me indigna,
ni por calles , ni por leyes, ni por reyes. 
Un día simplemente abrí los ojos,
y había un mundo indiferente que a mi no correspondía.















Atardecía entre las musas, que escaparon de madrugada. Vivan!