Vuelo lentamente en el espacio deshabitado, carneándome para adentro como caer. Vuelo pero contigo en las orillas de mis lacrimales, que caen por mis mejillas, como las tuyas ayer.
Eran tiempos mejores. Más tranquilos. Mis errores orbitaban como satélites, permanentes pero mudos. Eran tiempo mejores en que nosotros, junto al mar hacíamos el amor en mi terraza, con el cielo como techo, y el sol que nos abraza. Y crecíamos como el amor por las ramas, como gatos en los techos eróticos de los fractales.
Así consumábamos comidas, con el amor sobre los pianos y las guitarras que se posaban en tu pelo, y en tu ombligo yo caminaba, apacible, junto a tu sueño de ser la princesa de la fiesta. Por eso digo que nos éramos más plausibles, más tácitos… porque no nos corrompió nada. Seguimos caminando aunque el bosque de tu corazón se volviera más oscuro, y por mi culpa, y lo siento. Hoy lamento haberme ido de momento. Siento como todos las notas disonantes de un 14 me acosan, y no me dejan… fue mi error. Lo siento. Siento como se me va tu agua, lento… más lento.
Siento el amor del que me alimento para caminar, para andar, como Jesús por el agua y yo sin mar. Cada letra, creo, ha salido del diccionario buscando un destino ambiguo, esa es su literalidad intrínseca. Y me llenan los acordes alegres como tú, las letras de tu nombre, último eslabón de mi plenitud. Te extraño, lo presiento… lo siento. Nunca quise este lugar sombrío. Solo quiero no meterme en líos, llevarte al río, sentarnos a mirar melodías en las ráfagas del aire que sopla vientos contentos. No quiero un lugar sombrío, como el que dejas…
Como esté vacío, amor...
Como esté vacío, amor...