El cosmos asomaba entre los árboles sin flores. Fue aquella brisa que ascendió mientras respirabas lo que se las llevó, las dejó flotando entre las estrellas. Son los sakuras de tu aliento, son las esperanzas del mañana, son los nuevos caminos desde lo oscuro a lo celeste. Sólo la tierra es lo divino que acarrea el alma, solo el alma es lo divino en la vanguardia, nada es divino, solo es cosmos, que lo es todo. Adiós a la estrellas que brillan constelando. Adiós tu pelo, tu voz y a tus días. Adiós al ser que nunca fue y que nunca amó. El celeste me llama desde el viento, a conocer la nueva tierra del campo inexplorado, más allá del mar de los universos.